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Noche de Fuckup en La Diez Terraza

Por: Selene Lamas

Con cuatro historias inspiradoras, se llevó acabo el jueves de Fuckup Nights en La Diez Terraza Bar. Este evento tiene como finalidad compartir las historias de fracaso de personas a las que las cosas no les salieron como lo planearon, pero que lograron aprender de esos tragos amargos y seguir adelante.
La primera en compartir su historia fue la empresaria Lucy Gallegos, conocida entre los zacatecanos por ser propietaria de un negocio de renta de vestidos y otro de venta de artículos para fiestas.
Lucy recordó cómo fue su experiencia cuando abrió The Party Place. Ante el público asistente, contó que inició este emprendimiento principalmente porque quería dejar de trabajar para un patrón y disponer de mayor tiempo para sí misma y para su familia.
Sin embargo, consideró que al abrir se “alocó”, porque no hizo un análisis previo para determinar qué iba a vender y a qué mercado. En pocas palabras no tenía idea de lo implicaba tener un negocio, lo cual también la llevó a errar el lugar en el que se establecieron, pues no era accesible al público y era sumamente costosa la renta.
Afortunadamente, después de un año y de algunos intentos por cerrar, su esposo la apoyó para cambiarse a otro local, definir su mercado e iniciar una nueva campaña de publicidad que les permitió crecer y ampliar su cartera de clientes.
Otro de los fracasados de la noche fue Gustavo Zamora, uno de los wedding planner más conocidos de estado; quien recordó que en su trayectoria las cosas no siempre le han salido como las planeaba.
Uno de las complicaciones más importantes por las que tuvo que pasar fue que cuando inició tenía que decir que era de San Luis Potosí, porque los zacatecanos no creían que los negocios locales tuvieran la creatividad, seriedad y compromiso para realizar un evento de calidad.
Otro error fue que él y su socio se confiaron y empezaron a organizar eventos iguales, algo en lo que se habían propuesto no caer, por lo que luego de un tiempo de dejar el negocio, decidieron retomarlo, pero no si antes preguntarse si esa actividad realmente les gustaba, si lo que hacían era lo que realmente quería la gente y si lo que vendían era lo que buscaban sus clientes.
Las respuestas llegaron cuando se dieron cuenta de lo que querían vender eran emociones y sensaciones, no simples eventos centrados en el arreglo de mobiliarios, lo cual les ha redituado en el éxito del que hoy gozan.
Carmelo Piña, el tercer fuckupero de la noche, actual gerente del Gas Campanita, en una breve exposición narró que uno de los peores errores en su vida ocurrió cuando no escuchó a sus seres queridos y decidió abandonar sus estudios.
Eso lo llevó a una situación de desilusión y fracaso, sin embargo, tiempo después pudo reponerse, se le dio una nueva oportunidad y aprendió a trabajar en equipo, lo que le permitió escalar y ubicarse en el puesto que actualmente ocupa.
La última fracasada de la noche fue Susana Salinas, reconocida artista plástica, que comenzó su etapa de frustración y fracaso desde que era muy joven, cuando se dio cuenta de su pasión por la pintura y el dibujo, pero también de la inexistencia de escuelas de artes en el estado en las que la prepararan para desarrollar sus habilidades.
Una pequeña luz en el camino la encontró cuando decidió estudiar psicología movida, porque en el último de los semestres aparecía una materia de creatividad en el plan de estudios; no obstante, lo que ahí aprendió no tenía mucho que ver con las artes.
Susana contó que su carrera como artista no ha sido sencilla, precisamente por la ausencia de instituciones en las cuales prepararse y por la discriminación que le ha tocado vivir como artista mujer, en un mundo de hombres.
Recordó que uno de estos eventos desafortunados lo vivió en el taller “Julio Ruelas”, cuando después de mucho tiempo Alejandro Nava aceptó integrarla en equipo al que “realmente ensañaría”, después de que le reclamó la razón por la cual no la invitaba si tenía tres años esperando para realmente aprender, a lo que le contestó que aceptaba que entrara sólo “porque lo había conmovido”.
En ese instante Susana abandonó el taller y decidió esforzarse en otros trabajos para tener recursos que le permitieran invertir en los materiales para pintar. Hoy por hoy ha logrado posicionarse en el gusto de la gente y poco a poco lo que le apasiona -la pintura- le ha empezado a dar para vivir.

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