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Editorial

Más allá del optimismo

Urge repensar la vocación económica de Zacatecas. La emergencia de las finanzas de Gobierno del Estado, y de la Universidad Autónoma de Zacatecas hacen imposible que sigamos pensando que en esos dos rubros puede descansar la economía local.
Los tiempos apremian a la creatividad, a buscar nuevas opciones, pues la opción de apoyarse en las grandes empresas que se instalan en la entidad por su mano de obra barata y su ubicación geográfica privilegiada, tampoco pinta muy viable.
La llegada de Donald Trump a la presidencia de Estados Unidos hace pensar que esa apuesta no tiene futuro, al menos, a juzgar por los hechos recientes y por el impulso del ex candidato republicano que está activo y esforzado por evitar que las grandes industrias inviertan sus capitales fuera de su país.
Ya lo ha logrado con unos cuantos, quienes cancelaron sus plantas en México y optaron por quedarse en el vecino país del norte, pese a que la mano de obra es veinte veces más cara; esto, por la advertencia de Trump de que pondría aranceles mayores a quienes prefieran pagar poco del lado mexicano, aunque eso signifique el desempleo de los obreros americanos, particularmente los de la industria automotriz.
En este escenario, alegra saber que la secretaría de Economía se preocupa por impulsar los proyectos productivos que buscan expandirse a través del programa Scalab, pues de pronto inquieta que pareciera que sólo hay una preocupación por los grandes industriales y no por la empresa zacatecana, deseosa de crecer y abrir más fuentes de empleo.
No obstante, de la misma manera impacienta que las condiciones del estado para atraer inversiones y talentos, y sobre todo para mantenerlos aquí, son francamente deplorables. No es una institución gubernamental la que está apuntando a esta realidad, no es siquiera la oposición quien lo dice, sino el Instituto Mexicano de Competitividad que realiza estudios transversales y a escala nacional.
En casi todos los índices y factores a considerar por el IMCO, Zacatecas presenta caídas o bajos lugares. Pero sin duda, el más preocupante de todos es el que se refiere a la Economía Estable, en el que nos encontramos hasta el fondo de la tabla con un penoso lugar 32, que da cuenta de que el crecimiento del PIB pasó del 5.63% a tan solo 2. 52%, que la deuda pública de participaciones federales pasó de 79% a 94.6%, y que la dependencia económica aumentó.
En este escenario, se requiere mucho más que voluntad, ánimo y buenas intenciones para mejorar la economía local, y por ende el desarrollo económico y social. Nos referimos a una estrategia a largo plazo que considere el mundo actual y se ubique en las condiciones actuales más allá de las filias y fobias que nuestras autoridades puedan tener.

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