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Editorial #655

Dormido en sus laureles

No nos podemos quejar, nos lo advirtieron. Alejandro Tello Cristerna nos dijo desde el principio, desde que hizo campaña rumbo al Senado de la República, que él no era político. Y no, visto está que no, parece que sigue pensando que es su profesión como contador, lo que tendría que predominar en su toma de decisiones.
Sólo así, en términos de ingresos y egresos, puede entenderse los devaneos de sus decisiones. Las sumas y las restas y la calculadora, pesan más que las consecuencias políticas y sociales de sus declaraciones y acciones.
En ese tenor, y solamente en ese, puede entenderse que se avale que en su gobierno se considere crimen social a las prestaciones de ley que tiene un sindicato, mismas que fueron avaladas por él como secretario de Finanzas en el sexenio de Miguel Alonso Reyes, y también por Jorge Miranda en el sexenio de Amalia García.
En términos financieros, puede comprenderse la intención de cerrar el Colegio de Bachilleres, o bien, como corrigieron luego, de renegociar el contrato colectivo, pero no en términos políticos ni sociales. Puede entenderse que se observe que con ello se dejarán de erogar millones de pesos, pero no por ello puede omitirse que eso significaría la pérdida de cerca de dos mil empleos, los que tienen como meta crear en tres meses; tampoco puede olvidarse qué sería de la educación de 16 mil jóvenes.
Parece que alguien ya se los advirtió, y por ello hubo qué recular, y pensar en otra solución alternativa a la problemática financiera de esta institución.
Pero esta misma lógica se sigue también en otros terrenos, bien sea en la creación y el aumento de impuestos para la ciudadanía general, en el aumento de carga impositiva para las empresas, y también para la eliminación de programas sociales básicos como la dotación de uniformes escolares gratuitos y hasta el gasto en publicidad oficial en los medios de comunicación.
En todas estas áreas permean las cifras, ganan las cuentas, y se olvidan y borran de las consecuencias políticas y sociales en las mejores acepciones de estos términos. Es decir, se omite el efecto de todo esto en la calidad de vida de los zacatecanos con los que Alejandro Tello firmó contratos y quienes lo llevaron a la gubernatura del estado.
El desgaste que esta jerarquización ha priorizado es tal, que ya pueden verse los gritos y reclamos que podrían verse en otro sexenio en el quinto año de gobierno. Nada de esto parece preocuparles mientras las cuentas salgan bien, ¿no se darán cuenta del olor a lumbre a su alrededor?

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