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Editorial #654

Con el Cobaez ¿cuál pretexto?

Cuando la Universidad Autónoma de Zacatecas es noticia porque, como es bien sabido, llegó alguna otra consecuencia de su mal estado financiero, las autoridades suelen responder culpando a la máxima casa de estudios de su triste situación.
Que si los aviadores, que las familias y dinastías que han sangrado a la universidad, los docentes con sobre sueldo, los que vendieron sus prestaciones, estudiantes que no valoran instalaciones, etcétera, son excusas cotidianas y chivos expiatorios favoritos para no entender que su situación es producto de una política de abandono a la educación superior.
Esta vez, no es la UAZ la que se encuentra en apuros económicos, se trata del Colegio de Bachilleres del Estado de Zacatecas que es administrado centralmente desde la Secretaría de Educación, y sin embargo, el gobierno de Alejandro Tello Cristerna ha respondido con toda la fuerza autoritaria que le fue posible.
Al estilo Trump, Tello Cristerna respondió vía Twitter a la manifestación que trabajadores del Cobaez hacían por el adeudo de una parte de su aguinaldo.
Con unos cuántos caracteres, el mandatario amenazó con cerrar este subsistema, lo cual fue confirmado unos días después en entrevista con los medios de comunicación a quienes les reiteró que la situación financiera de la institución lo obligaba a replantearse la pertenencia de que éste se mantuviera abierto.
Con los días, quizá tuvo tiempo de sacar el ábaco y hacer cuentas, la simple liquidación de los trabajadores actuales le costaría casi mil millones de pesos, una cifra que quintuplica lo que se gastaría en resolver el problema financiero que él mismo dejó crecer. Hubo entonces que echarse para atrás.
No se puede cantar victoria, la amenaza ya fue confesada y aunque se matizó la supuesta desaparición con la renegociación del contrato colectivo, lo que está a la vista es que ahora le toca al Cobaez sentir el abandono de la educación media superior.
Además de las circunstancias actuales, Tello Cristerna tiene una responsabilidad histórica adicional, pues fue secretario de Finanzas en el sexenio anterior y bien pudo haber advertido del peligro que corría el Cobaez.
También Jorge Miranda tendría que ser prudente con sus afirmaciones, pues él era secretario de Finanzas cuando estas prestaciones se autorizaron. Así que no hay manera de culpar a las administraciones anteriores.
Tampoco queda bien culpar a los aviadores, a la mala planeación, a que no se tiene pertinencia social, etcétera, pues todo esto corresponde a Gobierno del Estado.
Están entonces, como la serpiente, mordiéndose la cola, en el caso del Cobaez ¿a quién culpar?

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