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Editorial #653

Jóvenes, los eternos ignorados

“Es la economía, estúpido”, frase con la que Bill Clinton se recordaba a sí mismo qué quería la gente, el electorado al que tenía que responder como presidente de Estados Unidos.
Son muchos los problemas que enfrenta un país: economía, libertad de expresión, seguridad, salud, educación, calidad de vida, acceso a la cultura, racismo, etcétera. De todos ellos, el que más se siente, el que cala más hondo, es la economía.
El momento por el que atravesamos, en el que se agudiza aún más la crisis económica que padecemos desde hace más de tres décadas, ha puesto toda la atención en los problemas relacionados con esto. Que si aumenta el precio de los combustibles, que se desató la inflación, que el dólar ya está en 22 pesos, que cunden los recortes en todas las instituciones públicas y privadas, etcétera.
A corto plazo, este problema es mayúsculo, sin embargo, a mediano y largo plazo la cuestión podría ser aún peor. No sólo porque se entra en una espiral de decrecimiento en la que cada persona se aferra más a su dinero, disminuye el circulante, baja la confianza del consumidor y se agrava la situación económica, sino porque derivado de ello, surgen o se profundizan decenas de problemas sociales de los que hasta ahora estamos viendo sólo la punta del iceberg.
Ejemplo de ello es la seguridad, la guerra asesina que emprendió Felipe Calderón lleva ya las cuentas en 186 mil homicidios y la lista va creciendo. La principal víctima de esto ha sido la juventud, quienes en uno y otro frente han visto cerradas las puertas, pues se les niega con frecuencia el acceso a estudiar, y tienen solamente oportunidades de trabajo precarias, sin prestaciones sociales, y con sueldos raquíticos.
Consecuentemente, son ellos, los jóvenes, quienes sirven de carne de cañón a los cárteles del narcotráfico, los que forman las bandas de secuestradores, y pandillas que azotan con robos a casa habitación a varias colonias de Zacatecas.
En esta circunstancia es que se implementó el Nuevo Sistema de Justicia Penal, en el que se pretende protegerlos de una manera destacada, pues se evita a toda consta que los menores de edad entren a una prisión que les serviría como escuela del crimen, y además, se les tiene una serie de formas de justicia alternativa para que reparen el daño que provoquen de maneras distintas al encarcelamiento.
Si bien este sistema es muy funcional en países del primer mundo, también es verdad que se aplica en países con condiciones sociales más favorables, con acceso a educación, salud, programas de rehabilitación en caso de adicciones, etcétera.
En México, en cambio, se aplica este sistema penal sin ligarlo a medidas sociales que palien el hambre en que viven 80 millones de mexicanos. ¿Así tendrá alguna posibilidad de ser exitoso?

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