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Editorial #651

¿Y la austeridad apá?

Desde que empezó el gobierno de Alejandro Tello nos han venido contando que Zacatecas se encuentra en quiebra técnica, que la situación financiera es trágica y que no habrá dinero suficiente para casi nada.
Con este discurso, se ha justificado desde la falta de apoyo a una familia migrante que fue asaltada a punto de llegar a Zacatecas, hasta la suspensión de uno de los programas sociales más apreciados por la gente como era el de los uniformes gratuitos llamados Sumar en el sexenio pasado.
Con ese argumento, también se nos vendió la idea de que era necesario un nuevo empréstito que ayudará a sanear las finanzas, y que elegantemente llevaría el nombre de “refinanciamiento”, por aquello de que la gente ya reclama el endeudamiento.
Ante este trágico panorama, resulta extraño que el presupuesto gubernamental haya aumentado hasta en un 30% en distintos rubros, que incluye además a los tres poderes: el Ejecutivo, Legislativo y Judicial.
Los criterios por los cuales se repartió el dinero, tal como se hizo, son un misterio. La secretaría de Finanzas, la favorita del sexenio según parece, tuvo un aumento espectacular de poco menos de 350 millones de pesos a más de 9 mil millones.
Puede presumirse que de ésta dependencia saldrían prebendas, gasto para campañas, y recursos para regatearles a los alcaldes de tal manera que se alineen.
En cambio la Secretaría del Campo, si bien tuvo un aumento con la cifra original que el Ejecutivo había planteado inicialmente, es menos que lo que se destinó a este rubro el año pasado, y es mucho menor de lo necesario si se considera que esta actividad le aporta al Producto Interno Bruto el 8%, y sobre todo a que casi la mitad de la población zacatecana depende del campo.
Una bicoca le dieron al Instituto Zacatecano de Cultura, que ni a secretaría llega, pero que da vida a la ciudad y a los municipios más importantes con actividades culturales y recreativas, que además de ser valiosas por sí mismas, resultan en atracción de turismo y derrama económica.
Curiosamente, el Sistema Estatal DIF, sí tiene un jugoso aumento de sus presupuesto, pasando en 2016 de 381 millones de pesos a 448.8 millones. Y eso que esta noble institución, que tristemente se usa con frecuencia para la promoción monárquica e injustificada de las actividades de la mal llamada “primera dama”, tiene entre sus activos un autolavado, el manejo de los estacionamientos de la Plaza Bicentenario y la Megavelaria (muy redituable en septiembre), además del Teleférico.
En todo este panorama no hay hilo de congruencia que pueda ayudar a entender qué hizo que áreas clave se le recortara, y a otras más pequeñas se le incrementara su presupuesto.
Probablemente la justificación exista, pero mientras no se deje clara a la opinión pública, se siembra desconfianza hacia este gobierno que tanto ha prometido que sería diferente.

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